Novios, enfadados y amor

by admin on 4 Marzo 2010

Novios, enfadados y amor - Redacción Central Los Tiempos

Novios, enfadados y amor – Redacción Central Los Tiempos

“Carlos ha estado flirteando abiertamente con una desconocida en la fiesta que dieron unos amigos, al punto que durante unas horas incluso me ignoró por completo!”.

“¡Marta saca a relucir sistemáticamente mis defectos cuando estamos en casa de sus padres y a veces me humilla sin darse cuenta”, alguien advierte. 

“Cuando él llega a casa por la noche, se mete en la cama sin ducharse ni asearse, tal y como viene del trabajo, sin importarle cómo me siento. Tampoco le importa mi satisfacción sexual”, se escucha decir.

Son los testimonios de algunas situaciones que la mayoría de las veces producen tensión y conflictos en el seno de la pareja, y que conducen con frecuencia al enfado, tanto de quien  se siente afectado como del autor de la “afrenta”, que reacciona al sentirse atacado. Situaciones que son la semilla de peleas, discusiones y resentimientos más o menos duraderos.

Los enfados, si son intensos y habituales, suelen tener efectos y repercusiones negativas en la marcha de las relaciones amorosas, pero ¿pueden llegar a tener algún impacto beneficioso?

Algunos expertos creen que sí, que los enojos pueden ser positivos, siempre y cuando sean breves, se resuelvan adecuadamente, impulsen a actuar y a resolver aquellos problemas que impiden sentirse bien a la pareja.

“En ocasiones el enfado incluso puede ser un estimulante del deseo, cuando precede a una reconciliación esperada y pone fin al sufrimiento emocional”, señalan el psicólogo clínico Miguel Costa y el médico en experto en medicina familiar Ernesto López, autores del libro “Cómo vencer la pereza sexual”.

No obstante, si el enfado se hace crónico y se convierte en resentimiento y en franca hostilidad, puede tornarse en un poderoso anestésico de nuestra vida de relación y de nuestro deseo e interés sexual.

Estar enfadado es fácil. Lo difícil es saber expresarlo. Algunas personas tratan de contener, inhibir y guardar a toda costa el enfado que le producen ciertos comportamientos “indebidos” de su pareja o, sencillamente, las contrariedades que surgen de la convivencia.

Cuando repetidamente se reprimen estos pequeños enfados y no se expresan, la irritación y el resentimiento comienzan a desarrollarse de forma larvada, y la persona se ve obligada a desarrollar un sobreesfuerzo para frenar el torrente emocional de su cólera contenida, para impedir que se desborde.

De esa manera, aparte del estrés adicional y los inconvenientes que ello conlleva, esta represión termina por deteriorar igualmente las relaciones amorosas, según Costa y López.

Cómo enfadarse sin descontrolarse

Hay que “darse permiso para enfadarse”, porque “ocultar nuestras emociones negativas, por indeseables que nos parezcan, resulta una empresa inútil, sencillamente porque los seres humanos estamos programados para reaccionar de esta manera ante las situaciones que nos molestan. Amar y respetar a las personas con las que convivimos no está reñido con sentir estas emociones en determinados momentos y ante determinadas situaciones”, señalan estos psicólogos.

“Expresar  nuestro enfado de una manera directa y sin ofender es un modo también de comenzar a controlarlo e impedir que progrese hacia el resentimiento. Expresarlo comenzando por la palabra “yo” ayuda a hacerlo compatible con nuestros objetivos de desarrollo de la convivencia y la vida sexual. Hay que hacerlo en primera persona y expresando cómo nos afecta”, sugieren.

Asimismo y para que el enfado sea menos conflictivo y más beneficioso, según la pareja de psicólogos formada por Miguel Costa y Ernesto López, se aconseja sugerir cambios, “de manera concreta y específica y evitando las generalizaciones, los “siempre” y los “nunca”.

“Comenzar a describir una situación con la palabra “cuando” puede ayudar a evitar generalizaciones, mientras que expresar los cambios como deseos, sugerencias y necesidades, en vez de órdenes o imposiciones, también ayuda a que el enfado pueda tener repercusiones provechosas”, según los expertos.

Un ejemplo: “Me siento mal cuando estamos en una fiesta con amigos y sacas a colación delante de ellos mis defectos. Me gustaría que o bien no hicieras esos comentarios o bien hicieras comentarios positivos”. Todo es cuestión de proponérselo y probar.

LAS CLAVES

1.- En ocasiones, el enfado incluso puede ser un estimulante del deseo, cuando precede a una reconciliación esperada y pone fin al sufrimiento emocional.

2.- Cuando repetidamente se reprimen los pequeños enojos y no se expresan, la irritación y el resentimiento comienzan a desarrollarse de forma larvada.

3.- Para que el enfado sea menos conflictivo y más beneficioso, conviene aprovecharlo para sugerir cambios, de manera concreta y específica y evitando las generalizaciones, como “siempre” y “nunca”.

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